La improvisada Claudia

Claudia López y su gobierno improvisado, estructuraron la atención de la emergencia del Covid-19 en Bogotá bajo un esquema milimétrico de fases y, para desarrollarlo, decidieron presionar mediáticamente para cerrar la capital durante meses, con el discurso de, supuestamente, salvar vidas, evitando el aumento de contagios y trabajar, mientras tanto, para precaver que el sistema de salud se copara.

El aislamiento es la única arma válida, hasta el momento, para enfrentar la pandemia; pero el aislamiento tiene un solo objetivo: preparar el aparato de salud pública para atender el inevitable pico de contagios que colapsarían al sistema, con la consecuente pérdida de vidas humanas, al ser insuficientes los medios para atender a una muchedumbre de ciudadanos infectados al mismo tiempo.

Los residentes en Bogotá aceptaron el reto y han cumplido, estoicos, con el encierro y el aislamiento: Bogotá le creyó a Claudia López y confió en ella. Craso error. Es claro que la izquierda no sabe administrar y que su experticia en la crítica nunca se traduce en hechos ni ejecutorias. 

Al día de hoy, nuestra capital tendría que implementar la FASE 3, prometida por Claudia López, la cual consistía en que, para tener más Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) a fin de atender a los pacientes graves afectados por el Covid-19, se tenían que haber deshabilitado aproximadamente 3.000 camas de hospitalización en hospitales públicos como el Simón Bolívar, Mederí y San José, y llevar esas 3.000 camas al hospital transitorio, como el que se creó en Corferias, que tendría dos funciones: absorber los casos leves de enfermos por otras causas y ser el reemplazo de las camas hospitalarias de la red pública que se liberarían para atender pacientes de Covid-19. Para ello, se firmó, entre otros, un convenio por la “bicoca” de algo más de 200 mil millones de pesos.

Sin embargo, luego de casi tres meses de cuarentena y encierro obligatorio, NO se han adecuado esas 3.000 nuevas UCI y Corferias es un elefante blanco, subutilizado, como lo mostraron empleados del servicio médico en un video viral, en el que se ve la desolación de miles de metros cuadrados intervenidos y sin prestar el servicio para el cual fue creado. Los que sí deben estar muy contentos con los convenios de la Secretaría de Salud son los fajardistas, dueños de ese coto de caza verde.

Mientras tanto, los contagios en Bogotá crecen a tutiplén y la alcaldesa se desgañita anunciando que estamos llegando a los límites de ocupación de las Unidades de Cuidados Intensivos, y claro, arribamos a esos números porque ella no fue capaz de habilitar el sistema para resistir el embate de la pandemia; el encierro obligatorio que debería servir para que la alcaldía preparase al sistema de salud, no sirvió para nada más que empobrecer a los bogotanos y tirar la economía al piso, pero no por culpa de los ciudadanos que cumplimos a cabalidad, sino de una administración inexperta e irresponsable que acude al histrionismo y al histerismo para tapar, como los gatos, sus “embarradas”.

Esto es falta de planeación, de previsión, de compromiso, de gestión y como tal lo deberían asumir los entes de control, que están muy atentos a la provincia pero que no pueden descuidar el descalabro de lo que pasa en Bogotá. 

No demora Claudia López en salir a vociferar que va a tener que cerrar Bogotá otros 90 días para disimular el fracaso de ese Plan de Fases en la capital de la República y el inminente colapso del sistema de salud, a pesar de que lo tuvo todo para implementarlo y no fue capaz.

Claudia López y el representante de Fajardo en la Secretaría de Salud le mintieron a la ciudad: no cumplieron el plan de preparación en salud pese a los miles de millones de pesos que, con base en la urgencia manifiesta, se gastaron y sacrificaron la economía (hoy el desempleo llega al 14% en Bogotá): ni salud, ni economía.

Kennedy, Bosa, Corabastos, los estratos uno y dos, por ahora son los grandes sacrificados, y lo que falta.

Si Claudia López tuviera la lengua más corta y la visión más grande, otro gallo cantaría. 

La ñapa I: La JEP y Timochenko llamando “retenciones” a los secuestros es una afrenta del tamaño de una catedral. ¡Asco es lo que producen!

La ñapa II: Por un error involuntario, confundí al doctor Germán Calderón España, con uno de sus hermanos. A todo señor todo honor: el doctor Germán es un ciudadano y profesional a carta cabal. 

La ñapa III: La tal ñeñepolítica, una invención sórdida de la izquierda, se cae a pedazos. Lo que se sabrá pronto desvelará a los verdaderos bandidos de la trama.

La ñapa IV: Las actuales protestas que se adelantan en Estados Unidos por el homicidio de George Floyd, a manos de unos agentes de policía de la ciudad de la capital del estado de Minnesota, y el escándalo mediático que se ha producido debido a ese hecho tienen un tinte claramente político. Durante los ocho años que el demócrata Obama gobernó en ese país, fueron muchos los afroamericanos asesinados por la policía; pero a nadie se le ocurrió llamarlo racista por ello. Pero como el presidente Trump es republicano y se avecinan las elecciones presidenciales, que seguramente ganará, lo acusan de racista por los hechos que rodean la muerte del señor Floyd, para evitar a toda costa que continúe en la Casa Blanca.